Hay existencias que se precipitan hacia lo eterno con una celeridad desconcertante, como si estuvieran llamadas a consumarse antes de tiempo. Así fue la vida de Carlo Acutis: un adolescente arrebatado al cielo a los quince años, cuya santidad se ha ido reconociendo bajo la sorpresa y el asombro de todos, expandiéndose por la tierra.
Con milagros reconocidos, su mensaje sereno hacia el encuentro con Dios ha traspasado las fronteras del tiempo y desde hoy, 7 de septiembre, es reconocido como santo y elevado por tanto a los altares por nuestra Santa Madre Iglesia.
La tristeza es la mirada hacía sí mismo, la felicidad es la mirada hacía Dios, con esta frase de nuestro joven santo, queremos expresar nuestra alegría por los dones que el Señor nos da a través de sus hijos, eslabones de la cadena imperecedera de la fe.
En Asís, donde reposan sus restos mortales, reside una luz eterna desde hace siglos, nuestro santo protector Francisco ha sido artífice de abrir el camino del bien y de la paz y es ahí donde encontramos una verdadera renovación del faro de fe que supone la ciudad de la umbría que acoge como punto de peregrinación espiritual la devoción a san Carlo Acutis.
Que el Señor, con su gracia infinita, nos dé la sabiduría para entender estos misterios místicos de nuestra fe y nos proteja durante la vida terrera, esperando la vida eterna junto a Él, su hijo y la madre de las madres, la Virgen María, acompañados por todos los santos del cielo.
