A pocas horas de comenzar el mes de noviembre, en este final del mes del Rosario, nuestra amantísima titular, la santísima Virgen de los Dolores en su Soledad Coronada, se presenta refulgente a su pueblo que la quiere desde tiempo inmemorial, Ella que nunca nos falta, para celebrar los cultos en memoria de los fieles difuntos y conmemorar la solemnidad de todos los santos.
En esta ocasión, viste saya de terciopelo morado bordada con ricas piezas en cartulina catalana en oro, una de las sayas más originales que posee en su extenso ajuar.
Como tocado porta encaje de aguja dispuesto a modo de cuello, desde el que pende su collar de perlas con broche de plata. Debajo de este encaje, lleva un antiguo peto ejecutado a modo de malla trenzada en oro.
Para realzar su maternal amor hacia todos sus hijos de su pueblo fiel, lleva en su pecho un corazón y daga, ambos en plata de ley. Termina el conjunto del atavío de la Virgen con el manto de terciopelo bordado en oro, con rica toca de hojilla de plata y porta sobre sus sienes coronadas la histórica corona de plata que con tanto amor fundieron nuestros antepasados para la Señora de Brenes.
Así llega noviembre, se convierte en el haz de luz divina hacia el que todos los cristianos miramos para encontrar el refugio y el consuelo en nuestra vida terrenal, manteniendo vivo el recuerdo de nuestros hermanos que gozan de la vida eterna del Padre y que están junto a Jesucristo, Señor de la Vera Cruz.
Salve, Madre, Reina y Soberana.




