Nuestro tesoro, las mujeres veracrucistas, manos que valen todo el oro del mundo y que son el alma de nuestras historias fiestas que trascienden las generaciones de nuestro pueblo.
Así han preparado las flores de papel para el recorrido de la Santa Cruz, haciendo hermandad allí donde están, juntas como una piña, representando el espíritu De la Iglesia. Además, siempre están dispuestas para trabajar allí donde hace falta talento y saber hacer.
Les damos las gracias, a todas, por su incansable labor en la hermandad y por transmitir los valores y la historia veracrucistas a las nuevas generaciones.
